Mostrando las entradas con la etiqueta Julia Barrett. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Julia Barrett. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de marzo de 2017

Julia Barrett

                                                                                              La Tercera Hermana:                                                                                                                      De las tres hermanas Dashwood, Elinor, la mayor, era la sensata y resignada; Marianne, la segunda, la romántica y apasionada, y sus respectivas historias de amor fueron ampliamente tratadas en la novela Sentido y sensibilidad, de Jane Austen.Por aquel entonces, Margaret, la hermana pequeña, era una adolescente, casi una niña, dulce y tímida, testigo de los desalientos y alegrías de sus hermanas. En esta continuación de la historia, Margaret Dashwood tiene ya diecisiete años y, además de su dulzura natural, posee una mente ágil y una gran facilidad de palabra, y está desprovista tanto del carácter demasiado estricto de Elinor como de la excesiva espontaneidad de Marianne.El tedio de su plácida vida en la alquería de Barton, sola junto a su madre después de la marcha de sus hermanas, se ve interrumpido, con gran alegría por su parte, por la llegada de lady Clara Ashburton, una mujer inteligente y cordial que de inmediato cautiva a nuestra heroína. Más tarde, aparecerán en escena dos apuestos jóvenes: William du Plessy y George Osborne, con un carácter y un proceder muy distintos. Ambos se fijan en Margaret y empiezan a cortejarla…

Julia Barrett

                                                                               PRESUNCIÓN:                                                                                                                                                      Pemberley pasó a convertirse en un verdadero hogar para Georgiana, y el afecto entre las dos cuñadas resultó ser exactamente como Darcy lo había anhelado. Las dos llegaron a quererse realmente, más incluso de lo que se habían propues­to. Georgiana sentía por Elizabeth una admira­ción sin límites, si bien al principio escuchaba con asombro, casi rozando la inquietud, la forma vivaz y burlona con que su cuñada se dirigía a su hermano. Él, que siempre le había infundido un respeto superior incluso al cariño, aceptaba aho­ra con agrado ser objeto de bromas y chanzas. Así, Georgiana se dio cuenta de aspectos en los que nunca había reparado.
 Gracias a las instruc­ciones de Elizabeth empezó a comprender que una mujer puede tomarse ciertas licencias con su esposo, licencias que un hermano no siempre está dispuesto a consentir en una hermana diez años menor.